domingo, 27 de junio de 2010

(notas malas escritas rápidamente)

Siempre intentando opinar
Vuelve a pedir la iglesia que cambie el Gobierno Nacional
Se hizo pública la nueva resolución de la pastoral, criticando el “estilo de confrontación del Gobierno”, pidiendo por la paz entre los partidos políticos y que se haga hincapié en combatir la pobreza.

Jorge Casaretto fue vocero en Mar del Plata de la última resolución de la Pastoral, la cual, como siempre, habla acerca de las falencias políticas democráticas, critica al Gobierno Nacional que no sigue sus ideas dogmáticas y pide que se combata la pobreza en el país.
Bajo el lema “Prioridad Bicentenario 2010/16: Erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral”, finalizó una nueva Semana Social de la iglesia en la costa, la cual tuvo importantes visitas como la de Daniel Scioli, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. La resolución pedía, por ejemplo, “terminar con los enfrentamientos verbales”, acabar con la política “amigo-enemigo” y vaticinó que “el mero crecimiento económico no basta para asegurar la equidad, el progreso y la movilidad ascendente”.
“Los obispos olfateamos cambios importantes en la sociedad, el deseo de unidad, de avanzar en la cultura del encuentro y del diálogo, de la aparición de nuevos liderazgos”, afirmó Casaretto. Dudas de eso no se pueden plantear, puesto que en todos los gobiernos de derecha que han ido de la mano con la iglesia fueron olfateados inmediatamente por la iglesia y apoyados, aunque no lucharan en lo más mínimo con la pobreza. De lo que sí hay dudas es de qué tipo de unión desean realmente: Si políticamente correcta o simplemente bajo la manta dogmática. Lo realmente grave es que hoy por hoy, ésta institución hable y critique sin razón, siendo la misma que apoyó completamente operaciones como el “Plan Cóndor”.
La resolución de la Pastoral también dice: “Contemplar la dignidad integral de toda persona y de todas las personas, nos ayuda a reemplazar el estilo de fragmentación por el espíritu de fraternidad. La unidad como comunidad nacional es el mejor camino para el desarrollo integral y una justa distribución de los bienes”. Nuevamente, se habla arbitrariamente ya que la misma iglesia está segmentada en numerosas facciones políticas, ni siquiera religiosas, que coinciden o no con éste documento. Ésta institución sigue demostrando que, como todo dogma, no ha progresado con los años y que su discurso es muy relativo, incluso contradictorio.

Siempre el prejuicio es malo

Lo primero que llama la atención al ingresar al Teatro la Plaza para ver “La Noche antes de los Bosques” es la lona cilíndrica en el medio del escenario. Sin más escenografía que eso, se promueve de a poco la idea de que no es un simple monólogo lo que se está por ver bajo la dirección de Alejandra Ciurlanti.
Como único actor en escena, Mike Amigorena se carga sobre los hombros todo el peso visible de la obra y lo hace perfectamente. Su capacidad de representar al protagonista de la obra es tan profunda que lleva a la locura de pensar como él. Sumerge a los espectadores en esa soledad, tristeza, nostalgia y rabia que es tan notoria en toda la obra.
El argumento de “La Noche antes de los Bosques” se centra en un extranjero francés, solitario y abandonado, que buscar amor, compañía y liberarse de los “miserables técnicos (…) que deciden desde arriba”. Es fundamental destacar que “La Noche antes de los Bosques” tiene altibajos constantemente y los efectos sonoros llevan al extremo los cambios emocionales del protagonista y a la atmósfera de suspenso que se crea con los diálogos, que terminan desconcertando al espectador y llevándolo a no saber qué es lo próximo que puede ocurrir. La lona negra claramente es un quiebre entre el personaje principal y la realidad, es lo que lo separa de su felicidad anhelada. Escenográficamente, ayuda a la ambientación en tres momentos: Al imitar lluvia, durante la canción dramática y simulando un bosque.
Los psicodélicos sonidos de fondo, las luces los truenos, la lluvia y los violentos cambios de emoción del actor obligan a mantenerse tenso, tal vez sólo atento, durante la hora y minutos de la obra. Predomina tanto lo sonoro que se entendería a la perfección escuchando con los ojos cerrados. La función de las luces es clave al comienzo, solamente iluminándolo al actor para destacar su soledad total, su falta de rumbo y para hacer entender que alrededor de él no hay absolutamente nada, pero luego las luces sólo acompañan ya que el sonido y la voz del actor se apoderan de absolutamente todo.
La directora Ciurlanti expresa que el deseo de la paz “(…) es el que nos acompañó desde el primer día de trabajo” con la obra. De la inmensa cantidad de líneas morales que escupe el protagonista, de entre las primeras se destaca una citada por la misma directora: “No digas nada hermano, no te muevas, yo te miro, yo te amo, hermano, hermano”. La soledad está presente como un fantasma que penetra profundamente en la obra y estremece al ser tan cruel con el extranjero.
Las identidades no existen en la obra. Tanto es así, que el personaje interpretado por Amigorena no tiene nombre y la persona a la que le habla ni siquiera tiene cuerpo. Es un cualquiera hablando con el primer ser vivo que encuentra al ser tomado por las garras de la desesperación. Necesita ser escuchado, necesita entender que su vida no ha sido un sueño, que hay alguien que puede oírlo un mundo cruel y gris que no permite a cualquiera subirse.
De la misma forma que explica la sinopsis argumental en el programa de la obra, no se sabe si el protagonista miente, inventa o delira. De hecho, nunca se afirma ni niega absolutamente nada. Todo se deja a la libre interpretación del espectador. Al ser psicoanalista, da la impresión que la directora sabe muy bien cómo generar una impresión de insanismo mental en el protagonista, de llevarlo a una locura que es comprensible.
Incomprensible al comienzo, impecable al finalizar. “La Noche antes de los Bosques” impresiona por un descollante Mike Amigorena que transmite a la perfección lo que la directora pretende, a pesar de que la iluminación no logra resaltar toda su capacidad gestual salvo cuando exageraba excesivamente, corría o saltaba. La única verdad que termina siendo clara en la obra es la gran capacidad actoral de Amigorena.

jueves, 8 de abril de 2010

Los colores revolucionarios

Es inevitable escuchar nombrar a Cuba y relacionarla con palabras como política, revolución o comunismo, a pesar de que la isla no es rica en cultura sólo por dichas cosas sino también por su arte, sus costumbres y firmes ideales, que terminaron siendo los que impulsaron el movimiento anticapitalista.
Fundación Costantini presenta en el Museo Malba “Caminos de la vanguardia cubana”, una muestra que recorre el arte de la isla entre los años 1920 y 1940. Las obras serán exhibidas hasta el 3 de mayo y se dividen en tres secciones: “una nueva mirada hacia la mujer”, “El nacionalismo” y “La relación de la vanguardia cubana con los conflictos políticos de su tiempo”.
Al entrar a la muestra, lo primero que se ve es una interesante introducción a lo que se expone, deslizando una leve reflexión acerca de lo intencionado en las obras y como las mismas influyeron finalmente en la consciencia popular cubana. Artistas como Mariano Rodríguez (1921-1980) o René Portocarrero (1912-1985) descollaron a la hora de dibujar mujeres y por eso sobresalen en dicha sección. En “La Paloma de la Paz”, Rodríguez cláramente usa los colores de la bandera cubana con una tonalidad fuerte, pero están detrás de una mujer, que sostiene en sus manos un pañuelo rojo que contiene una paloma blanca. El rol femenino en Cuba fue fundamental para construir la identidad del país. Una lámina al costado derecho de las obras de Carlos Enríquez contiene una cita textual del artista hablando al respecto: “Nuestra vida nacional gira alrededor del sexo (…). Hasta el agujerito inflamado en la más humilde caseta de baño, todo indica que pisamos sobre una manigua ardiente, donde tras cada matorral nuestra imaginación sospecha carne, la lujuria, el pecado batallador y el estremecimiento erótico”. Enríquez ha dibujado numerosos desnudos de mujeres en diversas situaciones, como detrás de telas, en la ducha y lesbianas.
Recorriendo un poco más las obras dedicadas a la mujer, podemos destacar a artistas como Joaquín Blez (1886-1974), que con gelatina de plata produjo fotografías de mujeres con poca ropa o completamente desnudas con una belleza que atrae y siempre las fotografiadas contemplan algo más allá de la cámara o el cuadro. Es necesario destacar que no sólo Blez deja este sentimiento de mirar a algo más allá, sino que todos los artistas tienen esto en común. Las mujeres siempre observan la lejanía, el horizonte.
Rafael Blanco (1885-1955) también dibujó mujeres desnudas, pero jamás solas. En “La piel del Diablo” hay muchas mujeres desnudas simplemente interactuando, mientras que en “La magia de la esfinge” muchos hombres observan a una.
Cabe destacar que debajo de dos vitrinas se encuentran numerosos ejemplares de la revista Social, en los cuales todos tienen como tapa a bellas damas.
Finalizando la etapa femenina, me tomé el atrevimiento de intercambiar unas palabras con una de las guardias de la muestra, quien muy agradablemente me expresó su opinión acerca de las obras, confesando que le fascinaba la selección de artistas y la organización de los mismos dentro de la exposición. Lamentablemente no pudimos adentrarnos más en el intercambio debido a lo atareada que se encontraba ella, pero me recomendó observar especialmente las obras de Santiago Gattorno (1904-1981) y Amelia Peláez (1896-1968). Intrigado por aquellas palabras proseguí hacia el centro de la sala, la cual se encontraba fragmentada por numerosas paredes de colores situadas en el medio para no generar un sentimiento de vacío. Giré hacia la izquierda y me encontré con las previamente mencionadas obras de Gattorno, ya adentrándome en la etapa del nacionalismo.
En la obra “Campesinos descalzos” se pueden ver a dos personas caminando por un sendero a la luz del sol, cargando sus herramientas de arado. Claramente Gattorno quería transmitir ese sentimiento de rutina cansadora. Hacia el otro lado se destacaba Arístides Fernández (1904-1934), quien tuvo una tendencia política mucho más clara a la hora de hablar de la identidad nacional. En su obra “Manifestación con banderas rojas” se muestra un levantamiento comunista en contra de las autoridades

Avanzando sobre el lado derecho se encuentra otro fragmento textual de declaraciones, pero esta vez habla Wilfredo Lam (1902-1982): “Desde mi instancia en París tenía una idea fija: Tomar el arte africano y ponerlo en función de su propio mundo en Cuba. Necesitaba expresar en una obra la energía combativa, la protesta de mis ancestros”. Lam trabajó con óleo sobre papel y con tonalidades oscuras, destacándose el marrón y el verde como en “La Silla”. Sus dibujos pueden impactar más por su intencionalidad sombría, muy diferente al resto de los artistas.
Girando hacia atrás en plena mitad de la sala podemos encontrar las obras de tal vez la artista más experimental de todas: Amelia Peláez (1896-1968). Por situar algunos ejemplos, en “Árboles Verdes” trabaja con oleo verde y simplemente le da diferentes tonalidades para destacar la copa de los la flora del paisaje. En “La Pianista” se mezclan colores oscuros con muy claros, trabajados con témpera, y el resultado es bastante agradable a la vista. En “Mujer reclinada” dibujó con lápiz sobre papel, haciéndola completamente desarticulada y cubierta de líneas sin dirección. “Naturaleza muerta con vitral rojo y amarillo” fue trabajado con óleo sobre papel y “Naturaleza muerta con Guanábana” con óleo sobre cartulina, por citar otras obras.
Llegando al fondo de la sala se encontraba la etapa política, la combativa. La diferencia al llegar a estas obras es abrumadora, casi violenta. Sin embargo, es aquí donde se ponen en juego las obras fuertes y contundentes que se esperaban de la exposición. Eduardo Abela (1889-1965) caricaturiza una fuerte ideología a favor del sentimiento revolucionario cubano y en contra del imperialismo y la religión. Las caricaturas más interesantes de la muestra podrían ser “Ante Dios” y “El Billar”.
Jorge Arche (1905-1956) optó por un camino más crudo, como lo demuestra en “Trabajadores”, trabajado con óleo sobre cartón, en donde el extremo sometimiento laboral en las fábricas y las condiciones laborales insuficientes acompañadas de las jornadas extensas terminan por destruir a un exhausto obrero, que es cargado por sus compañeros.
Finalmente, dejando tal vez al artista más combativo y revolucionario para el final, quedan las obras de Marcelo Pogolotti (1902-1988). La última cita textual de la muestra pertenece a este pintor y dice: “Me resistía a mostrar una imagen de mi país que satisficiese al gusto por el exotismo de los franceses, anglosajones u otros extranjeros (…). Mi objeto era pintar la realidad humana en un paisaje social”. Pogolotti pintó muy bien con tinta como en “Dar, dar, dar en cada instante de su vida”, en donde muestra brazos trabajando en una fábrica. “Los ententes” fue trabajado con lápiz y crayón sobre papel y muestra un sacerdote, un burgués y un policía por encima de la ciudad. En “Represión” muestra como la policía masacra a la gente. El artista toca este tema junto con el exceso de trabajo, la vida en la ciudad, la fábrica y la revolución reiterada veces. Claro queda esto en “Obreros sosteniendo un cañón”, donde numerosos revolucionarios se encuentran por debajo del arma de fuego. “Manifestación” muestra sin ninguna duda el clima insurgente que comenzaba a vivir Cuba. Finalmente, en “Fuerza de Trabajo”, se muestran numerosos obreros, pero particularmente en el extremo superior derecho se encuentran 5 proletarios alzando sus martillos y hoz hacia el cielo, debajo de una estrella roja.
Intencionado o no, lo primero que uno piensa al hablar de Cuba se encuentra al final de la muestra. Hábil jugada de los organizadores, ya que muchas obras que son tanto o más interesantes, puesto que fueron lo que crearon la consciencia común del pueblo para luego pasar a ser revolucionario, se encuentran antes.
De la muestra en sí se debe decir que fue muy prolija, muy interesante pero que tal vez pecó por no delimitar bien en qué momento se pasaba de una sección a otra, o tal vez también haya sido a propósito. Si la segunda es, la transición quedó muy bien lograda, demostrando como se fue cambiando la temática del arte cubano. Al final deja ese gusto político que se esperaba, a pesar de comenzar encarando hacia otra dirección. Queda ese aire comunista con Pogolotti que tanto rodea a la isla. Ese velo revolucionario se destapa y nos abre sus brazos para conocer el trasfondo de un pueblo que no siempre fue combativo.