lunes, 18 de abril de 2011

Despreciá tu nombre

Custodiando mi mente
Me he olvidado de repente
Las metas propuestas por un cualquiera
Que entre tantas cosas se asemeja
A una débil tentación

Siniestro de ideas que genera violencia
Ahuyenta la democracia de nadie
Haciendo que nunca nada cambie
En las mentes divididas sin coherencia

Habiendo ya transitado caminos oscuros
Con lobos astutos que se fragmentan
Y siempre observan con cautela
Las artimañas de ese tirano absurdo

Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florece
Voces que dicen demasiado pero no siempre permanecen
Condenadas por una historia manipulada desde siempre

Tu mano inexistente es la que no me da fuerza
Tu mirada la que me paraliza y desprecia
Tus labios los que balbucean de todo sin decir nada
Tu mente que por más que no creas, no trabaja.

Historias de la caja óptica

Ando perdido sin querer ser encontrado
Encandilado por el perfume de su voz
Caminando solo a veces me siento un extraño
Y rebanan mi ser como con una hoz

Extrañas historias a lo largo de un camino
Le dan coherencia a un sendero desprolijo
Que contrasta con mi estilo sin sentido
Y marca un fin que ya creo conocido

Palabras que van y vienen
Tal vez me quiera encontrar
Y si me pide, la voy a esperar
Siempre queda lugar en la libertad

Mentirosa siempre nos ha susurrado
Mas a muchos los ha asustado
Otros hasta la odian por no alcanzarla
Pero es tarde ya, te ha hipnotizado

Quiero encontrarla y que me encuentre
Quiero desaparecer del humo
Y del arca de consumo
Pero no es fácil, siempre advierte
Hay que mostrarle a mucha gente.

domingo, 6 de marzo de 2011

Caras en el parque

La última soga se me desprendió casi de casualidad, tentada por la ironía de una confesión previa sin demasiada relación con las circunstancias. Ahí vino el humo y la mirada, reprochándose errores y decisiones nobles. Intentándome convencer de que valía la pena me di cuenta de que algo había salido mal. Había salido mal por haber salido bien. Las sogas que me amarraban a la realidad se habían ido a atarse mejor, a someterse a los efectos de la libertad. La falta de palabras, de habla causó que otro humo estuviera ahora conmigo, acompañándome y envolviéndome en una soledad terrible. ¿Falta de habla de quién? Es una buena pregunta que no tiene respuesta. Los ojos vieron a través del humo para encontrar que no estaban solos. No había soga que me sujetara a nada, lo que generó que la situación se apoderara de mi cabeza cruelmente. Un cigarro ya no calmaba un intenso sentimiento que se apoderaba de todos, de mí. No quedaba más que esperar, convenciéndome de que era noble lo que hacía, que el humo que me desató no era malo y que valía la pena aguardar a las agujas, a las tenues sombras de la salida. Pero algo ocurrió, algo que tal vez no esperaba o que no quería pensar, que escondía debajo de algún objeto pesado de mi mente. Me di cuenta de que algo había salido mal.